Notas sobre Deconstrucción: Una aproximación al pensamiento de Jacques Derrida


Las corrientes postestructuralistas surgen a partir de una ruptura con el estructuralismo clásico, que perseguía un método cientificista capaz de darle objetividad a los estudios literarios. Roland Barthes en su artículo “Introducción al análisis estructural en el relato” plantea la necesidad de determinar una estructura de los relatos narrativos, un modelo común, una teoría del relato cuya herramienta principal fuera la lingüística. Los estructuralistas creían posible la concepción de un sistema capaz de abarcar a todos los textos, que el lenguaje forma una estructura delimitable, mientras que los posestructuralistas, principalmente la crítica deconstructiva, desarrollada por Jacques Derrida, ponen en tela de juicio los sistemas lógicos, buscando en los propios textos aquellos puntos, o aporías, en donde se desarticulan, se desencializan y “están a punto de contradecirse a sí mismos” (Eagleton 2014:162) . Viñas Piquer ubica la crisis estructuralista a finales de la década de los sesenta, y posiblemente esté relacionada con las actitudes revolucionarias de mayo de 1968, “donde los universitarios mismos exigen nuevos modelos de contemplar la realidad y de enfrentarse a sus objetos de estudio” (528).

Heidegger sostenía que la misión de la filosofía era destruir la metafísica, sin embargo, para Derrida, no se puede destruirla de otra manera que no sea desde la metafísica misma, ya que “todas nuestras herramientas discursivas están involucradas en ella” (Culler 1987:9). Entonces su intención es deconstruir, poner de manifiesto que es una construcción, que no es algo natural e inevitable. Derrida entiende como metafísica “cualquier sistema de pensamiento que depende de un fundamento inatacable, de un primer principio o base irrecusable sobre el cual puede edificarse toda una jerarquía de significados” (Eagleton 2014:160). Y es que la estrategia de la deconstrucción, según Derrida, consiste en evitar la naturalización de las oposiciones binarias metafísicas “que gobiernan y están presentes en nuestro pensamiento” (Culler 1987:9). Para ello propone un “doble gesto” o una escritura desdoblada, que tenga como objeto invertir la jerarquía radical presente en las oposiciones (2014:67). Las oposiciones a las que se hace referencia, como por ejemplo significado/forma, alma/cuerpo, dentro/fuera, hombre/mujer, habla/escritura, presencia/ausencia, bien/mal, pueden parecer simétricas, pero según Derrida no lo son, sino que se establece una relación en la que uno de los polos pasa a estar por encima del otro, la figura del Logos que se impone y lo domina (Asensi 2004:12). Para Derrida, la oposición básica se encuentra entre habla y escritura, y su intención es negar que cada uno de estos polos de la oposición quede como centro, como un principio trascendental, en otras palabras, lo que se propone es combatir el “logocentrismo”.

Para Ferdinand de Saussure el significado en el lenguaje existe por oposición, es decir, “mesa” es lo que no es “silla”, “árbol” o “ventana”, es, en definitiva, “una mera cuestión de diferencias” (Eagleton 2014:155). El signo según Saussure está constituído por una serie, en principio, ilimitada de diferencias, y el hecho de que el significado dependa exclusivamente de estas diferencias para existir, pone en tela de juicio la oposición entre significante y significado, por lo menos la existencia de una relación simétrica entre los dos, y al mismo tiempo, que un significado guarde una correspondencia directa con un significante. Saussure reconoce, según Raman Selden, que significante y significado forman dos sistemas separados, pero no tuvo en cuenta la inestabilidad que tienen las unidades de sentido cuando se juntan ambos sistemas (186). Si uno busca en un diccionario la definición de un significante, se va a encontrar con más significantes, se trata de un proceso infinito y además circular, “los significantes continúan transformándose en significados y viceversa; jamás se llega a un significado final que a su vez no sea un significante” (Eagleton 2014:156). El estructuralismo trata al signo independiente de su referente, pero el postestructuralismo va a ir más allá, va a romper el signo, el significado se encuentra ausente de ese signo. Según señala Eagleton, el significado está disperso en una cadena de significantes, se encuentra en una fluctuación constante entre presencia y ausencia. Al leer una frase en un texto, el significado queda en suspenso, porque ese significado depende de los significados anteriores y de los que están por venir, conserva una huella o marca de los significados que le antecedieron y deja una en los posteriores. Se trata de un proceso temporal. Ningún signo es “puro” y se constituye a partir de la oposición con los demás signos, es decir, uno es porque no es el otro; esa alteridad también deja una huella, una palabra lleva las huellas de todas las demás para poder definirse. En definitiva, “el significado nunca es idéntico a sí mismo” (157), es algo que está en suspenso. Aquí entra en juego el neologismo concebido por Derrida, que lleva el nombre de différance, palabra que se pronuncia igual que différence en francés (que significa diferencia), pero se diferencia en una letra, expresa la ambigüedad del signo y sólo se puede percibir por escrito. De esta manera Derrida se muestra en contra del fonocentrismo, puesto que “no tiene en cuenta la différance e insiste en la autopresencia de la palabra hablada” (Selden 1997:209).

La différance resulta, por tanto, intraducible. Según Derrida, representa el origen no-pleno, no-simple, el origen estructurado y diferente (de diferir) de las diferencias (2013:47). Implica, al mismo tiempo, dos sentidos muy distintos, por un lado la diferencia en cuanto diferir, del verbo latino differre, que significa postergar, aplazar, representa una demora, un retraso, por lo tanto, implica una temporización. El otro sentido de diferir, différer en francés, significa ser distinto a, ser otro, ser diferenciable. En este caso, entra en juego la alteridad, y ante ella, es necesaria la existencia de una distancia, un espaciamiento para poder definirse (43-44). En resumen, la différance conjuga la diferencia como temporización y la diferencia como espaciamiento. Además, Derrida va a insistir en que no es una palabra, ni un concepto, con esto lo que intenta es evitar la cosificación, que se confunda con un principio metafísico, o lo que él llama arkhé o telos, ya que denota una presencia (45). Esto trae como consecuencia que Derrida ponga a la différance en la posición de un principio trascendental, pero al mismo tiempo “podría decirse que la différance como punto de partida nos dice que en el origen hay una repetición” (Asensi 2012:7). De este modo, según Asensi, la différance opera como una bomba de relojería puesta en el corazón de la metafísica.

Eagleton señala que la deconstrucción va a tener en cuenta que las oposiciones binarias, que eran fundamentales para el estructuralismo clásico, “representan una manera de considerar las ideologías típicas” (161). Puesto que éstas suelen tener una definición tajante de los límites entre lo aceptable y lo inaceptable, entre la verdad y la mentira, entre el yo y el no-yo. Por su parte, Manuel Asensi va a insistir en el carácter político de la deconstrucción, incluso considera que “es un modo de resistencia política ante cualquier forma de fascismo” (2004:11). En gran medida, las oposiciones binarias están relacionadas con la lucha social y política. Por ejemplo, Asensi señala que la represión de la escritura en el pensamiento occidental, que representaba a la tesis derridiana, se desarrollaba en paralelo a la lucha de clases y represión del proletariado, sostenida por la tesis marxista, así como también, la oposición propuesta por el psicoanálisis entre el objeto falo y el objeto parcial. También el término “falogocentrismo”, fundamental para la crítica feminista, representa la oposición entre hombre y mujer, donde el primero es el dominante, el Logos, y requiere ser deconstruido. Asensi señala que “cuando quienquiera que sea juzga al extranjero, al diferente, al de distinta raza, al de distinta sexualidad, al de distinta condición física, etc., como inferior, entonces está ya incurriendo en la barra metafísica, está siendo guiado por ella” (13). Con esto no quiere decir que la metafísica sea equivalente al fascismo, pero poniendo como ejemplo la tesis de Adorno y Horkheimer, en la cual la ilustración deviene en una mera promesa, “la metafísica, en una de sus posibilidades, acaba históricamente en un fascismo colectivo y/o individual” (12).


Bibliografía:

Asensi, Manuel. “¿Qué es la deconstrucción de Jacques Derrida?” en Visions. Nº 3, 2004: 6-19.

------------------. “Los orígenes de la deconstrucción”, prólogo de La escritura y la diferencia de Jacques Derrida. Barcelona: Anthropos, 2012.

Barthes, Roland. “Introducción al análisis estructural de los relatos” en Análisis estructural del relato. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, 1970: 9-43.

Culler, Jonathan. “La crítica postestructuralista” en Criterios. La Habana, Nº 21, Ene 1987: 33-43.

Derrida, Jacques. Posiciones. Valencia: Pre-Textos, 2014.

--------------------. “La Différance” en Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra, 2013: 37-62.

Eagleton, Terry. Una introducción a la teoría literaria. México: FCE, 2014.

Selden, Raman. “Teorías postestructuralistas” en La teoría literaria contemporánea. Barcelona: Ariel, 1997: 185-242.

Viñas Piquer, David. “Deconstrucción” en Historia de la crítica literaria. Barcelona: Ariel, 2002: 528-540.