Pedro Damián


Jorge Luis Borges en su cuento "La otra muerte"  (El Aleph, 1949), dice lo siguiente: 


"Sí, pero Damián, como gaucho, tenía obligación de ser Martín Fierro —sobre todo, ante gauchos orientales. En lo que Tabares dijo y no dijo percibí el agreste sabor de lo que se llama artiguismo: la conciencia (tal vez incontrovertible) de que el Uruguay es más elemental que nuestro país y, por ende, más bravo..."
 
Ese fue el fragmento evocado por mi memoria ante la lectura de uno de los artículos de la publicación Baturrillo Uruguayo (Washington P. Bermúdez, 1885):
 
"En una de tantas refriegas como sostuvo Artigas contra los lusitanos en Misiones, vio que un oficial patriota iba a ultimar a un enemigo que le entregaba sus armas. 
 
Al punto pica espuelas a su parejero y llega al lugar de la escena, desmonta con gran peligro personal y apartando la espada que el oficial dirigía al corazón, dice con vehemencia:
 
--No es de militares valientes el cebarse en los rendidos. Esto lo hacen solamente los cobardes. ¡Queda usted destituido de su empleo y en la clase de último soldado!
 
Y dejando al prisionero bajo la salvaguardia de uno de sus ayudantes, sube a caballo y vuelve a la pelea. 
 
Antes que sufrir el humillante castigo impuesto por su jefe, aquel oficial buscó la muerte en el combate, y pronto la halló en la punta de una lanza portuguesa. Al saberlo, dijo Artigas:
 
--En su lugar yo hubiese hecho lo mismo. Rescató con su vida su mala acción. ¡Era oriental al fin! Que se dé cuenta de todo en la orden general."
 
Pedro Damián, "El argentino que flaqueó ante las balas.", no fue capaz de ejercer la moral heroica demandada en el ejercicio de la violencia en ámbitos bélicos.  Esa demanda del culto del coraje, transmitida por la experiencia de nuestros ancestros españoles en sus luchas contra los árabes invasores, desprecia las conductas que se alejan de la virtud del valor. No hay valor en la prosperidad obtenida por la cancelación de un acto de coraje o por la consumación de una acto vil. Esto era conocido, o mejor dicho adquirido, quizás a un nivel subconsciente, por el soldado oriental, al cual Artigas somete al oprobio al rebajarle el cargo en plena batalla. A diferencia de Pedro Damián, el soldado artiguista supo en ese momento que no hay redención posible sin la entrega última, entrega materializada al buscar su muerte en manos de los enemigos.  
 
Cuando en esta historia Artigas dice: "En su lugar yo hubiese hecho lo mismo...  ¡Era oriental al fin!"entendemos la obligación a la cual estaba sometido Pedro Damián, la de ser "Martín Fierro sobre todo, ante gauchos orientales"

O.Tejera