Tras la huella de una literatura mapuche


El 1 de agosto, Santiago Maldonado, un joven artesano y tatuador de 28 años, fue visto por última vez en el departamento de Cushamen, en Esquel, durante la represión de Gendarmería contra la comunidad mapuche Pu Lof de Resistencia. La desaparición forzada de Maldonado, se suma a una triste y extensa lista de desaparecidos en democracia en Latinoamérica. La noticia llevó a que la comunidad mapuche volviera a estar en el centro de la atención pública. Una nota publicada por el diario El Observador, el día 18 de setiembre de 2017, acusaba la existencia de un negocio millonario tras las protestas mapuches, incluso se llegó a deslizar la hipótesis de que dichas protestas podrían haber sido orquestadas por una organización con sede en Bristol, Reino Unido (Infobae 8/8/2017 y La Nación 9/8/2017*, apenas una semana después de la desaparición de Maldonado). Estos artículos se construyen a partir de especulaciones, datos imprecisos y un escaso trabajo de investigación y rigor periodístico. Pero son poderosos formadores de opinión, así como de subjetividades y contribuyen a la construcción de un Otro, una alteridad con la cual diferenciarse. Entonces vale la pena retomar la pregunta planteada por Gayatri Chakravorty Spivak en 1998: ¿Tiene voz el subalterno?, y en caso de ser así, debería considerarse pertinente ir en busca de esa otra voz. ¿Podemos seguir la huella de una literatura mapuche?

Si bien Chile ha sido retratado como un ejemplo de transición pacífica hacia la democracia, sostenida además por un crecimiento económico, también es cierto que en determinados aspectos existe una realidad mucho más compleja en lo que respecta a los conflictos sociales traídos en gran medida por los modelos políticos y económicos neoliberales implementados por los gobiernos democráticos. Un caso muy claro es el que ocurre en la zona de Araucanía, territorio ancestral de los Mapuches. En los últimos años las comunidades mapuches han chocado con intereses privados y estatales por reclamos territoriales y proyectos de desarrollo, llegando incluso a niveles de violencia que, según Patricia Richards, pueden ser comparables con los oscuros días de la dictadura de Pinochet (60). Gracias a las crecientes movilizaciones mapuches, el Estado ha impulsado políticas multiculturales que reconocen algunos derechos indígenas e intentan promover la diversidad en la sociedad chilena. Sin embargo, en su “Carta abierta desde el País Mapuche” de 2009, el poeta mapuche Jaime Luis Huenún denuncia una incrementación sin freno de la violencia policial y patronal en la llamada Alta Frontera, región de Araucanía. Un pueblo lastimado por las armas y leyes del Estado, y “una sociedad que castiga y se ignora a sí misma castigando e ignorando a los humildes y a todos aquellos que sólo aspiran a la restitución de los derechos elementales” (272).

La cultura indigenista en América Latina ha sufrido transformaciones durante lo que va del siglo XXI, las actividades relacionadas con la economía neoliberal “imperan como base de desigualdades sociales y desastres ecológicos” (Mazzotti 9). Lo que Huenún va a llamar “paraísos artificiales de un incierto y nebuloso desarrollo” (272) y comparará las zanjas producidas por las máquinas excavadoras en la tierra con fosos medievales, con tumbas. Gran parte de las Américas, al comienzo de este siglo, estaban sometidas a los procesos globalizadores, a pesar de la existencia de movimientos que intentaron oponerse a ella; promoviendo y defendiendo las diferencias étnicas, sociales y de género, así como también los grupos vinculados con el cuidado del medio ambiente (Carrasco 176). Es importante resaltar la mirada del Otro, de los individuos que conforman los sectores no indígenas, responsables de la elaboración de un imaginario, no siempre nacional, que como aclara Mazzotti, actúa como una forma de identificación e integración discursiva de los distintos sectores en un marco más amplio. Para Spivak, la construcción del Otro como sujeto colonial por parte del mundo Occidental, representa un claro ejemplo de violencia epistémica, un “proyecto de orquestación remota, de largo alcance y heterogéneo”. Entonces, ¿pueden los pueblos indígenas latinoamericanos buscar su legítimo reconocimiento, valoración y participación, justa y democrática, como es el deseo de Huenún, teniendo en cuenta que contra ellos la episteme opera con una función programática silenciosa?

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Ir en busca de una poética mapuche no resulta tarea fácil, ya que como señala Iván Carrasco Muñoz, no existe en la lengua mapundungun, que es la lengua ancestral de los mapuches, una palabra equivalente a “poesía” (105). En la conquista española del territorio chileno, a mediados del siglo XV, los distintos pueblos originarios fueron colonizadas, a excepción de los mapuches. Nunca pudieron con ellos. De hecho, las dos partes firmaron una serie de tratados para establecer al río Bío-Bío como una frontera entre Chile y el territorio que ocupaban los mapuches. A diferencia de lo que sucedió con los indígenas en otras partes de América, los Mapuches, o araucanos, como los llamaban los españoles, no fueron ni indios cristianos (comunidades indígenas que pagaban tributo, sujetos a la corona española) ni indios bravos (aquellos que permanecieron por fuera y sufrieron las campañas punitivas de los colonos), sino que fueron una comunidad independiente con derechos, aunque precarios, reconocidos por España. Así mismo, como puntualiza el escritor y político mapuche, Manuel Manquilef González, en el discurso que pronunció en el año 1927: “el país araucano jamás midió el número ni las armas del español, siempre luchó hasta la muerte y puede decirse que venció al poderoso rey de España” (Huenún 274). Y el resultado fue que los mapuches “de esa lucha franca, aunque desigual, conservaron la Independencia que bien merecían y que fue transmitida al ilustre pueblo chileno” (ibid).

A diferencia de lo que sucede en otras zonas de Latinoamérica, en Chile se sabe muy poco acerca de su principal pueblo originario. Según Mauricio Ostria, profesor de la Universidad de Concepción, tanto la historia, la educación, como la cultura oficial no han hecho otra cosa que construir mitos o dividir a las sociedades chilenas de las comunidades mapuches. Ostria señala que si bien las políticas económicas y sociales no han buscado su extinción, sí se puede decir que han intervenido para la “reducción a espacios lo más apartados posible de las poblaciones chilenas o su asimilación y transculturación” (295). En definitiva, han intentado su invisibilización, su marginalización, cuando, curiosamente, el componente mapuche ha sido fundamental para la construcción de la identidad chilena, un “nosotros incluyente”, a partir del cual, se ha creado una nación. Ya que, como afirma Jaime Concha, “Chile se construye como nación a partir del mapuche y en contra del mapuche” (Ostria 295).

Hablar de literatura y de poesía mapuche, es hablar de un objeto cultural complejo, polisémico y variable, según apunta Iván Carrasco. Mientras que el concepto de poesía responde inevitablemente a un tipo de experiencia occidental, que fue traída a las nuevas sociedades americanas en desarrollo a partir de la expansión del Imperio español, a través de “las mochilas militares y en los libros de sacerdotes y escritores - como Alonso de Ercilla y Zúñiga, en el caso de Chile” (105). Lo que se conocía de la cultura mapuche era de tradición exclusivamente oral, parte del rito y el mito, como el caso del canto ül. La tradición escrita, lo que más adelante se considerará como poesía mapuche, va a ser el resultado de un fenómeno etnocultural, tomando como intertexto, en muchos casos, aquellos cantos ancestrales. Será escrita por autores de cultura, etnia o lengua de orígen mapuche, pero va a ser el resultado de una poesía de carácter intercultural, “producto de la simbiosis verbal, artística, temática y cultural, entre elementos de origen mapuche y chileno occidental, con mayor predominio de uno y de otro” (106). Esto se articula con el concepto de “culturas híbridas” que introduce García Canclini, en donde, gracias a la variedad étnica y social de las Américas, se distingue la presencia de un entramado intercultural, se se va desarrollando a partir del momento en que las colonias van dejando lugar a las repúblicas, para luego dar paso a los procesos de globalización y modernización. Como sostiene también Ángel Rama, las letras latinoamericanas nunca se resignaron del todo a sus orígenes y tampoco se reconciliaron con las “espléndidas lenguas y suntuosas literaturas” de la civilización hispánica. Rama desarrolla el concepto de “transculturación”, que implica un proceso transitivo entre una cultura a la otra, que consiste no sólo en la adquisición de una cultura, sino también en la pérdida parcial de una cultura precedente, para la creación de nuevos fenómenos culturales (Transculturación 39). Esto implica un proceso, como advierte Bronislaw Malinowski, en el cual las dos partes de la ecuación resultan alteradas, emergiendo de ese proceso, una nueva realidad, compleja y compuesta; un fenómeno nuevo de características independientes y originales (Rama Transculturación 40). De esta manera, la literatura de Hispanoamérica ha oscilado entre Europa y América, temática e ideológicamente, “entre lo occidental y lo indígena, la civilización y la barbarie, la dependencia y la liberación” (Carrasco 177). Si bien ha existido un fuerte predominio del polo europeo, lo indígena no ha podido ser ocultado del todo, porque, como indica Carrasco, es parte indeleble de lo americano, parte necesaria, imprescindible.

La literatura mapuche no estuvo exenta de transformaciones. Hasta mediados del siglo XX, los autores de identidad mapuche no tuvieron un reconocimiento en la escena literaria debido a que repetían las estructuras de la poesía chilena, tanto métricas, formales como semánticas, imitando la lengua española chilena (Carrasco 107). Es recién en la década de los sesenta cuando los poetas mapuches, como Sebastián Queupul Quintremil y Pedro Alonzo Reta, empiezan a escribir textos que rompen con la tradición poética chilena y empiezan a despertar el interés de los académicos, lo cual permitió que estas nuevas formas fueran inscritas en el canon de la nueva poesía chilena. Carrasco hace hincapié en el hecho de que la poesía mapuche es el resultado de una construcción literaria que se produjo a partir de una colaboración entre poetas mapuches e investigadores huinca que los introdujeron dentro del sistema literario chileno. Incluso, algunas instituciones como la Iglesia Católica, la Universidad y otras entidades culturales nacionales e internacionales, defendieron estas formas durante los oscuros años de la dictadura militar chilena (1973-1990). Luego, este fenómeno ha trascendido los centros de estudio e instituciones, para obtener una cierta autonomía a través de la creación de revistas propias, antologías y distintas actividades de divulgación.

Para poder construir una literatura mapuche es necesario tener en cuenta , como señala Carrasco, una serie de factores, incluidos los textuales, históricos, socioculturales, étnicos e ideológicos como marco para el estudio de una sociedad precolombina, monolingüe y monocultural, que a pesar de la discriminación y el despojo que ha tenido que sufrir - y sigue sufriendo-, ha evolucionado hasta llegar a “formar parte activa, beligerante y crítica de una sociedad intercultural no asumida plenamente en cuanto tal por los distintos actores” (110), debido en gran medida a la existencia de una institución literaria europea hegemónica y una coyuntura dominada por el neoliberalismo y la globalización. Entonces Carrasco va a reconocer tres períodos en la formación de la literatura mapuche.

El primero corresponde a la formación marcadamente intracultural de una etnoliteratura, definida por la tradición oral, la autoría compartida, las múltiples versiones de un mismo texto, una metalengua implícita e internalizada por la comunidad. En este punto se articula con lo que sostiene Lévi-Strauss al referirse al mito, y teniendo en cuenta que la oralidad de los mapuches estaba fuertemente ligada a los mitos y rituales ancestrales, si éste “posee un origen individual, su producción y transmisión se hallan exigidas y determinadas socialmente, razón por la cual su consecuencia quedará indicada en su resocialización” (Arruabarrena 12). En otras palabras, para Lévi-Strauss el mito no tiene un autor sino que pertenece al grupo social que lo relata, no puede estar sujeto a una transcripción y está en constante transformación. Entonces, si ese mito es escrito, quien transcribe no estaría repitiéndolo, sino que lo está transformando, y esa transcripción permanecerá invariable, por lo que perdería su condición de mito, según la definición de Lévi-Strauss.

Poco se conoce acerca del orígen de la sociedad mapuche, pero las expresiones artísticas orales de las cuales se tiene noción, se fundan en tradiciones ancestrales y de géneros diversos como relatos o narraciones (epeu) y los cantos (ül y sus variantes llamekan, nënëulün, kollon, paliwe, awarkudewe, entre otros) (Carrasco 111). Los agentes principales de esta literatura etnocultural eran los ancianos, tanto hombres como mujeres, y los machi, chamanes femeninos y masculinos afeminados, que son quienes cumplen una función religiosa central incorporando también la medicina, los sueños, la manutención de la estructura social y la identidad ancestral (ibid).

El segundo período corresponde a lo que Carrasco denomina como “oralidad inscrita”, que implicó, a partir de la interacción entre personas letradas, como europeos, criollos, chilenos, profesores y escritores con indígenas bilingües e ilustrados, la construcción de una cultura filológica que sirvió para que investigadores y aficionados que se interesaron por el mapundungun, transcribieran aquellos cantos y relatos, y fueran traducidos a las distintas lenguas europeas. Esto provocó al mismo tiempo, la aparición de nuevos géneros dentro del ámbito indígena como la autobiografía, el discurso político y el discurso etnográfico (Carrasco 113). El tercer período, denominado “la Frontera”, estuvo marcado por la invasión y la ocupación de los territorios indígenas por parte del ejército español. Luego de la guerra del Pacífico con la llamada confederación Perú-Boliviana, se produce el último levantamiento en armas entre los mapuches y la Ley de Colonización, en donde los mapuches pierden su autonomía y pasan a vivir en contacto con otras etnias y culturas.

Según Carrasco “Los escritores más destacados en la actualidad son Sebastián Queupul, primero en escribir poesía etnocultural; Elicura Chihuailaf, ampliamente reconocido en el país y el extranjero; Leonel Lienlaf, primer poeta mapuche que recibió un premio importante en Chile; Lorenzo Ayllapan, el “hombre pájaro", Premio Casa de las Américas 1994 en la categoría de poesía indígena; Rayen Kvyeh, poeta mapuche asumida; Sonia Caicheo, identificada primero con el grupo AUMEN de Castro, Chiloé; Adriana Paredes Pinda, Jaime Luis Huenún, Bernardo Colipán, Graciela Huinao, David Aniñir, Faumelisa Manquepillan, César Millahueique, M. Isabel Lara, Paulo Huirimilla, Jacqueline Caniguán, Maribel Mora y Roxana Miran” (115). Aunque también distingue un grupo de jóvenes con formación universitaria que han iniciado un proceso de autonomización, que persiguen una poesía que se asemeja a la poesía chilena y universal, más preocupados por el valor estético que por el carácter mapuche de la misma. Sin embargo, presentan una actitud combativa, cercanos a los grupos fundamentalistas que buscan una ruptura política, étnica y cultural con la sociedad global, desarrollando un nuevo metadiscurso, renunciando al mapudungun como lengua principal en sus textos, adoptando el castellano o el español de Chile (Carrasco 116).

En definitiva, para Spivak no hay subalterno que tenga voz, que pueda hablar por sí mismo en tanto en cuanto mantenga su condición de subalternidad y se apoya en Foucault cuando sostiene que “hacer visible lo invisible puede significar también un cambio de nivel, dado que uno se dirige a una capa de materiales que no había tenido antes pertinencia en la historia y a lo que no se le había acordado ningún valor moral, estético o histórico.” (Spivak 18). Ángel Rama, en una de sus obras más conocidas, La ciudad letrada, va a sostener que “la letra apareció como palanca para el ascenso social, de la respetabilidad pública y de la incorporación a los centros de poder”, pero al mismo tiempo, puede lograr una autonomía, al menos relativa, con respecto a ellos. La palabra es poder y es libertad, así también lo entendió Rigoberta Menchú, una indígena guatemalteca, sobreviviente del genocidio del que ha sido víctima su comunidad y su familia. Para ella “su única arma es la palabra”, entonces decide salir del encierro lingüístico en el cual su pueblo se ha refugiado como una forma de preservar su cultura, para aprender la lengua del opresor, para volverlo contra éste: “el español, recién la lengua que se imponía por la fuerza, se convierte para ella en un instrumento de lucha” (Burgos-Debray 8).

Para finalizar, es interesante destacar una idea de Lévi-Strauss que sugiere que para que una cultura pueda lograr su autonomía, tener una identidad y conseguir algo original, la propia cultura y sus miembros deben estar convencidos de su originalidad. Las diferencias entre culturas, para Lévi-Strauss son fecundas y el progreso sólo ha sido posible a partir de ellas (48). En la actualidad nos hallamos amenazados por la perspectiva de quedar reducidos a simples consumidores, capaces de consumir lo que fuere, sin preguntarnos de dónde viene, de qué parte del mundo y desprovistos de todo grado de originalidad. Una época futura en la que sólo exista una cultura y una civilización, para Lévi-Strauss, resulta poco probable, "porque siempre funcionarán tendencias diversas y contradictorias - por un lado en dirección a la homogeneidad y, por otro, a favor de las nuevas diferenciaciones-" (49). Cuanto más homogénea se torna una sociedad, tanto más visibles serán las líneas internas de separación, y lo que se gana en un nivel, se pierde inmediatamente en otro. Por lo tanto, es momento de aceptar y defender la diversidad.

 

    Bibliografía:

    Burgos-Debray, Elisabeth. Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. La Habana: Casa de las Américas, 1983.

    Carrasco, Iván. "La poesía etnocultural en el contexto de la globalización" en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año 29, No. 58, 2003:175-192.

    -------------------. "La construcción de la literatura mapuche" en Revista Canadiense de Estudios Hispánicos. Vol. 39, No. 1, 2014: 105-121.

    Dussel, Enrique. "Europa, modernidad y eurocentrismo" en Revista de Cultura Teológica. No. 4, 1993: 69-81.

    García Canclini, Néstor. Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo, 1989.

    Huenún, Jaime Luis. "Carta Abierta desde el País Mapuche" en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año 36, No. 71, 2010: 271-275.

    Lévi-Strauss, Claude. Mito y significado. Buenos Aires: Alianza, 2017.

    Mazzotti, José Antonio. “Presentación: El Cóndor Pasa... y El Indigenismo Queda” en Revista De Crítica Literaria Latinoamericana. Vol. 40, No. 80, 2014: 9–10.

    Ostria González, Mauricio. "En busca del otro (Mapuche) que somos en tres novelas chilenas contemporáneas" en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año 35, No. 69, 2009: 295-304.

    Rama, Ángel. La ciudad letrada. Montevideo: Arca, 1998.

    ------------------. Transculturación narrativa en América latina. México: Siglo XXI, 2004.

    Richards, Patricia. "Of Indians and Terrorists : How the State and Local Elites Construct the Mapuche in Neoliberal Multicultural Chile" en Journal of Latin American Studies. Vol. 42, No. 1, Feb 2010: 59-90.

    Spivak, Gayatri Chakravorti. "Puede hablar el sujeto subalterno?" en Orbis Tertius. Vol 3, No 6, 1997.

     

     *Notas periodísticas citadas:

    • "Descubren millonario negocio tras protestas de los mapuches" en El Observador, 18 de septiembre de 2017. Web. (link). Consultado: 19/9/2017
    • "The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra" en Infobae, 8 de agosto de 2017. Web (link). Consultado: 19/9/2017
    • "Una organización con sede en Inglaterra lucha por los mapuches" en La Nación, 9 de agosto de 2017. Web (link). Consultado: 19/9/2017

     

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